Publicado el 16 de abril del 2013 por unoauno, taller de lectura en psicoanálisis.
Abril 17 de 2009. Cali. Colombia.
Johnny Orejuela
Vanessa Salazar.
Johnny Orejuela (J.O): ¿Qué opinión merece el desarrollo del psicoanálisis en América Latina y el ejercicio suyo de dictar seminarios en París y simultáneamente en Suramérica, aprecia usted
diferencias?
Jean Allouch (J.A): Mi lugar es París, es la casa principal, es mi lugar de trabajo. París es ardiente, es una caldera, hay posibilidades que no existen en ningún otro lugar del mundo de trabajar a Lacan y otros, no hay tranquilidad, hay inquietudes. Es un lugar donde hay mucha gente interesada en el psicoanálisis y muchas personas que producen mucho alrededor de este; es una situación inusual, es decir, en ninguna otra parte en el mundo hay cosa similar.
J.O. ¿Qué opina usted de la relación del psicoanálisis y la universidad?
J.A. No hay ninguna posibilidad del psicoanálisis en la universidad. No le encuentro ningún sentido a que haya una clase sobre Lacan, a que haya una clase sobre algún contenido de psicoanálisis. El profesor se plantea en un lugar que siempre tendría que decir algo alrededor de alguna cosa que se le preguntara. Difícilmente un profesor llega a la posición de decir que él no sabe sobre algo, y esa no es una posición que le convenga mucho al psicoanálisis. El “discurso universitario” restrinja así la posibilidad del desarrollo del psicoanálisis.
Cuando se da un curso se tiene que proponer un saber, un saber construido, pero no se puedecitar una frase de Lacan y decir: “eso es lo que dice Lacan”, la cosa no es así. No se puede dictar un curso de Lacan porque no hay la manera de plantear la construcción de una teoría como un edificio totalmente construido, bien definido, sino que todo lo contrario es un edificio siempre en construcción.
Ahora, los conceptos son fundamentales, pero no hay un “concepto fundamental”; los conceptos están en una relación siempre dinámica, quizás en una relación de anudamiento, pero no quiere decir que hay uno más importante que el otro.
J.O. ¿Qué opina usted de la trasmisión del psicoanálisis en la universidad?

J.A. No es posible una trasmisión del psicoanálisis, es una desventaja en vez de ser algo pertinente para el aprendizaje; no es una ventaja el tener como intensión la trasmisión porque eso obstaculiza el desarrollo, es mejor desprenderse de la idea de la trasmisión y trabajar, simplemente trabajar y que la gente que conozca lo que uno ha hecho se adhiera y que también haga su trabajo pero que no hay que tener pretensión de trasmisión. Uno no puede trasmitir con la expectativa de que alguien va captar eso que uno ha dicho, que eso va a ser el cultivador de un pensamiento, de ninguna manera. Esa pretensión de trasmitir algo puede ser precisamente un obstáculo en sí mismo; porque además el saber sobre el psicoanálisis es una cosa inasible, es decir, inaprensible porque no se puede asegurar nada de la persona que ha intentado trasmitir. Freud no pudo imaginar que lo que él había dicho iba a ser retomado por un Lacan. Estoy hoy hablando aquí, pero no sé que pase con lo que yo diga, lo que menos me interesa es lo que pase con lo que yo diga, yo aquí no estoy en la posición de trasmitirle nada a nadie.
Lacan tiene un estilo tal que no permite dar un curso sobre él, él habla de la posición del profesor que es aquel que tiene siempre la respuesta, eso no se puede en psicoanálisis, no tiene cabida.
J.O Yo difiero un poco de la posición que él tiene en relación a que un profesor siempre tiene una respuesta y que el psicoanálisis no permite una trasmisión, que por el contrario yo siento que cuando yo soy profesor y estoy hablando de eso en cierto sentido lo que hago es que asocio digamos entre comillas libremente alrededor de la teoría que estoy trasmitiendo respecto de algún saber por ejemplo con relación al psicoanálisis.
J.A. Bueno, entonces estamos frente a una excepción (Risas).
J.O. Con relación a la condición de la espiritualidad usted dice que para el psicoanálisis una experiencia es espiritual en la medida de que era “una experiencia en relación con la verdad”, ¿Qué más podría comentarnos sobre esto?
J.A. Eso es verdad! No tengo nada que agregar, ahí está el libro, léanlo, ya hay un libro escrito, qué puedo decir al respecto?
John J. Gómez (J.G.): Sí profesor, pero es que los libros no cambian de opinión, usted si, usted podría decir algo más sobre lo que ha dicho, usted podría tener una comprensión distinta hoy!
J.A.: No, la verdad no tengo ninguna consideración distinta, simplemente lo que dije ya está ahí, es un libro que podrían leer, ya está escrito y hasta en españo! (Risas)
J.O. ¿Usted qué opina alrededor de esta nueva práctica sexual, que se conoce como “Estilo de vida Swinger”, de intercambio sexual de parejas?
J.A: No sé de qué me está hablando, no puedo decir nada sobre una cosa que no conozco. Recordemos que Lacan decía: “La clínica es lo que alguien dice en el diván”, no necesitamos más, esa es la definición contundente de clínica de Lacan, este es el dispositivo privilegiado para poder desarrollar alguna teoría o algún comentario respecto de las prácticas swinger que usted referencia. Ahora bien, el asunto de las transformaciones en de la sexualidad es un asunto interesante.
J.O. En la conferencia del amor que uno no obtiene, a propósito de Philippe Sollers, usted dijo que lo que Lacan buscaba en relación a lo que lo motivaba en su vida como intelectual era el amor que-no-obtuvo y que esta condición estaba asociada a la condición de analista, ¿Podría desarrollar un poco más esta idea?
J.A. Lacan trabajó solo, en los últimos años tenía dos alumnos matemáticos expertos en topología a quienes les preguntaba ciertas cosas, pero Lacan decidió trabajar solo y no dejó de pagar las consecuencias por ello. Por ejemplo una consecuencia por esto es que Lacan nunca tuvo la posibilidad de que alguien le contestara, rápidamente se quedó sin alumnos, en el sentido de que sus primeros alumnos eran personas que se asumían muy tranquilamente como unos escuchadores en el seminario de Lacan, pero a Lacan pocos lo interpelaban, ninguno de sus alumnos lo acompañó al ritmo que él impuso para desarrollar la teoría, y eligió trabajar solo pagando las consecuencias de trabajar así, es decir, sin tener la posibilidad de que alguien lo controvirtiera, para a partir de allí rectificarse y avanzar.
Lacan no tuvo discípulos. La primera generación de psicoanalistas que estuvo cerca de Lacan no son lectores de él, ni produjeron nada. Suponen que por haber asistido, escuchado y participado en el seminario de Lacan no tenían que ir a estudiarlo, nunca retomaron nada de los seminarios y nunca escribieron mayor cosa, a excepción de algunos muy pocos que lograron escribir algo, los otros francamente quedaron en una posición cómoda de tener suficiente con escucharlo, fueron muy cómodos en relación con lo que escucharon de primera mano de Lacan y no se obligaron a hacer más.
Lacan no tuvo discípulos, no tuvo estudiantes, no tuvo interlocutor y eso se paga muy caro. El editor de los textos de Lacan no hacia su trabajo en el sentido de que Lacan le parecía incontestable; el editor (François Wahl) suponía que no tenia nada que decir sobre lo que Lacan escribía por que era Lacan, no se le podía hacer ningún tipo de corrección y en ese sentido Lacan no tuvo siempre la respuesta que buscaba, no había quien lo interpelara.
El nudo borroneo no es la respuesta de Lacan, mas bien es la respuesta que Lacan buscaba, Lacan murió antes de resolver esas dificultades. Hubiese sido mas fácil si trabaja con otros, pero al elegir trabajar solo y quedar solo por no tener discípulos, no tuvo la ventaja que si tenían sus par de alumnos topologos (Pierre Soury, Michel Thomé) que resolvían juntos algunos problemas que se planteaban.
Por ejemplo, Lacan pelea con Foucault a propósito de las Méninas; Foucault se replegó, no le dio la pelea. Más bien quien si fue brillante en términos de contestarle a Lacan fueron Gilles Deleuze y Felix Guattari: plantean un asunto polémico, por supuesto todo ese tipo de contestación esta presente en un texto como el Antiedipo.
Foucault no quería leer a Lacan y no quería considerar hacer tantos esfuerzos de leer a Lacan. Heidegger hubo en las manos los escritos de Lacan y, rápidamente, dijo: “el psiquiatra necesita un psiquiatra” (risas).
J.O. Usted dijo que el amor Lacan es un Almor, qué quiso decir usted exactamente?
J.A. Sobre eso no voy a hablar ahorita porque de eso voy a hablar en el seminario de mañana y sobre esto estoy desarrollando mi último libro de más o menos 600 páginas. Ya le presenté a mi amigo y colega Guy Le Gaufey, quien me hizo una crítica alrededor del texto, me dijo: “tu libro es incontestable”. Eso no quiere decir que sea una buena crítica, en el sentido de que diga algo bueno con respecto al libro” (risas). El amor lacan es lo inédito de Lacan, él no podía adelantarse diciendo “yo he inventado una nueva figura del amor”, eso era casi prohibido. Él ha dibujado una figura del amor con pequeños rasgos, sin insistir, sin decir las cosas de manera fuerte; y estoy construyendo esa nueva forma del amor en Lacan. Él nunca pudo decir que había desarrollado una teoría del amor, incluso es posible que supiera que desarrollaba una figura (no una teoría) del amor, pero nunca se atrevió a decirlo, porque sabía las implicaciones que eso tenía, todo lo escandaloso que sería para alguien o para el mundo psicoanalítico en la época de Lacan si él hubiera dicho “yo tengo una figura del amor”. Lacan consideraba que una buena forma o una manera de asumir el amor era también asumir el amor en medio de la soledad, decía que había que conservar algo de la soledad en la medida en que uno también pudiera tener una experiencia de amor, hay que conservar en algún sentido una cierta autonomía; eso viene bien, hay que conservar una dimensión de la soledad, pero una soledad que no implica una condición de abandono, no es una soledad que se padezca, sino una soledad que se puede asumir con cierta tranquilidad. La posibilidad de amar le deja al amado su soledad, le ofrece su soledad. Mi soledad propicia ser amado y ser amado propicia mi soledad, es una situación un poco paradójica: el estar solo es lo que permite que yo sea amado, pero el ser amado es lo que permite, también, que yo pueda estar solo. Hay una soledad sin crisis, no identificada como una soledad que no se opone a ser amado, más bien es una soledad con amor, una soledad en la cual el amor y la soledad hacen dúo.
La alteridad no existe, nadie le puede dar reconocimiento al otro (lo que pensaba Hegel), no hay reconocimiento del uno al otro. En las mujeres quizás sea más posible un poco esto, ellas tienen un poco más de apertura que los hombres. La posición del amor implica cierta feminidad; en cierto sentido la condición de un hombre enamorado es un poco chistosa, porque lo pone como afeminado. También muchas veces se ha dicho que al final de un análisis implica un poco terminar en la posición de la feminidad, un poco en la posición de una apertura, de menor rigidez, de menos inflexibilidad como la que tienen los hombres.
La idea del amor de unificarse es una idea muy antigua, nunca dos personas en el amor se convierten en una.
J.O. Por qué a pesar de que usted dijo que “el psicoanálisis será foucaultiano o no será más, o no será”, pero además también dijo “siempre lo fue”, se haga más énfasis en la primera parte que en la segunda.

J.A. Sí, esa frase es muy conocida. Lo que quería decir es lo siguiente: fundamentalmente, el psicoanálisis y los psicoanalistas que siempre le han aportado al psicoanálisis algo importante eran foucaultianos en el sentido de que Foucault tenía cierta angustia, tenía cierta inquietud personal que no lo dejaba estar tranquilo. Todos tendrían que ser unos foucaultianos en el sentido de ser unos inquietos, porque esa inquietud es la que permite la posibilidad de producción y del desarrollo del psicoanálisis. Freud tuvo también esa condición al igual que Lacan; los grandes psicoanalistas han sido en ese sentido como Foucault, gente inquieta, gente que en su dimensión personal siempre había algo que les generaba una cierta angustia, que los movilizaba en relación on el saber y que les había hecho producir conocimiento.
En general los profesores no producen nada, no inventan nada, la mayoría de los descubrimientos en matemáticas se hacen entre los 20 y 25 años; después de eso los matemáticos se hacen profesores (risas). Al profesor su estatuto le impide la producción, la necesidad de dar un saber hace que se pierda algo, una cierta inquietud, se destruye lo inédito, se pierde la posibilidad de pensar algo original. Conozco muchos psicoanalistas que hubieran podido ser brillantes, productivos, y que terminaron siendo profesores (risas); hubieran podido ser alguien que hubiera podido pensar más original, pero el hecho de meterse de profesores los pone en esa condición inevitable de dar un saber expuesto y no de arriesgarse a construir un saber. Se pierden en ese sentido. Dar saber destruye, solo pocos se escapan. Foucault escapó. Ser un inquieto, ser un angustiado, tener una cierta condición de intriga es la condición de posibilidad para producir. El principio que está en Foucault cuando hablamos de que el psicoanálisis era foucaultiano, es más bien un principio de inquietud (en francés: “príncipe d’intranquillité). Por ejemplo Jung, Klein, tuvieron esa inquietud y fue por eso que fueron originales en términos de su formación como psicoanalistas.
J.O. ¿Qué le recomendaría usted a la nueva generación de psicoanalistas que están en
formación?
El lugar de formación es la escuela, no hay otro lugar para el psicoanálisis; si no hay escuela no hay posibilidad de formación. La mejor y única forma de “trasmisión” en el psicoanálisis está en la escuela.
J.O. Una de las críticas generalmente hecha al psicoanálisis gira alrededor de la pertinencia y actualidad del uso del diván en el dispositivo. ¿Qué opinión tiene usted respecto a ello, sobre todo cuando usted ha dicho que no tiene la cultura en el diván?
Algunas personas le hacen una crítica en general al psicoanálisis y es que en el dispositivo es legitimo hoy el uso del diván, incluso a más de cien años después de la invención del psicoanálisis por parte de Freud, esto es sí el diván sigue teniendo algún lugar, actualidad , pues algunos creen que el diván es obsoleto. Usted qué opina acerca de esta crítica?
J.A. El diván no siempre es necesario, hay oportunidad en que ciertas curas se pueden conducir sin necesidad del diván. El diván es un dispositivo que puede servir o no, del que uno se puede servir o no, pero no es una cosa sin la cual no hay psicoanálisis. El origen de la palabra diván es “diwan”, es una palabra árabe, que quiere decir “aduana”, un punto de filtro, punto de pasaje.
Carolina Martínez. Usted atiende ciertas personas no en la condición convencional de un análisis que se lleva a cabo semana a semana con algún psicoanalista convencionalmente, sino que hace sesiones intensivas durante uno, dos o tres días con el analizante y después de unos meses vuelve y se hacen algunas sesiones intensivas, ¿qué opina de esto?
J.A. Miren, hay una cosa que en el psicoanálisis se mantiene y es el asunto de la intensidad.
Algunos pueden asistir varias veces en el día durante un periodo muy intenso, lo importante es ese ritmo de intensidad. Lo que sé es que funciona.
J.O. ¿Por qué usted dice que Lacan no era un teórico?
J.A. Hay muchas maneras de formalizar las cosas… Lacan, nunca constituyó un sistema formalizado y totalmente coherente; en ese sentido no fue un teórico; él, si, formalizó algunas cosas de sus enunciados en formas de matemas, pero eso no lo hacía un teórico en el sentido de alguien que estructura una teoría cerrada y sistemáticamente establecida como un sistema coherente y limitado.
J.O ¿Qué opina usted de las instituciones psicoanalíticas?
J.A Siempre las cuestiones políticas están en juego y es inevitable que el asunto político no esté presente. Entre otras cosas podría considerarse que el seminario de mañana sobre el Psicoanálisis, el Amor y la Guerra es también político, también es un acto político.
J.G ¿Cómo comprende usted el lugar de la escuela como un lugar donde el saber se presenta de una manera diferente al que se presenta en la universidad?
J.A En la escuela hay dos dispositivos que son el cartel (condición de agrupación para el estudio), y el pase. Son dispositivos diferentes a los que existen en la universidad, y son condiciones inherentes al desarrollo de la escuela. El pase, en algunas instituciones “lacanianas”, se ha mantenido y en otras se ha quitado. Nosotros (Elp: Ecole lacanienne de psychanalyse) en particular tenemos el dispositivo del pase. En algunas escuelas se usa como un criterio de ingreso, pero considero que eso son trucos para engañar a la gente
