Coloquio Œdipe: Del Seminario a los seminarios. Lacan entre voz y escrito.

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Publicado el 26 de julio del 2013 por unoauno, taller del lectura en psicoanálisis.

París, 26 y 27 de noviembre de 2006 (1)
Sábado 26 de noviembre, 2006 (mañana)
Discusión tras la presentación de Jean Allouch

Laurent Le Vaguerèse
¿Quiere usted decir algunas palabras?

Danielle Arnoux
En efecto quiero hablar. La última palabra que acaba de decir Jean Allouch es “confianza” y lo que es muy divertido, en su introducción, es que usted mismo hizo un lapsus maravilloso. Usted habló de Lacan quien, respecto de las secuelas de su enseñanza, tenía plenamente… confianza.

Me pregunté si era pertinente o no pronunciar hoy la palabra de “stécriture”, como si fuera un asunto que pudiera molestar; mejor desembarazarse de ello de inmediato.

la foto (3)

Stécriture se presta a un cierto número de malentendidos y no sé si puedo conseguir retirar algunos de ellos. Pero, en todo caso, sería de alguna manera la historia de una serie de citas fallidas, y quisiera hacer una pequeñísima cronología de esas citas fallidas.

Eso me obliga a retomar un viejo sombrero que sin embargo yo había querido soltar.

Si Jacques-Alain Miller ha podido decirnos, en una reunión preparatoria, que no tenía muchas ganas de ser San Sebastián, es verdad que yo no guardo, tampoco, un gusto especial por las aureolas, y alguien, un día, me llamó ¡sainte Écriture [Santa Escritura]!

Lo que bien mirado es muy chistoso, pero no muy amable.

Quisiera responder a una pregunta que Jacques-Alain Miller ha planteado a menudo.

Me dirijo a usted, Jacques-Alain Miller. Usted pregunta: “Pero, ¿porqué todas estas preguntas llegan ahora, mientras que no se plantearon en vida de Lacan? ¿Por qué se critica ahora lo que yo hago, mientras que antes uno no se ocupaba de eso? Se confiaba en mí”.

Pues pienso que transcribir de modo crítico, en efecto es algo que no podía plantearse como cuestión sino después de la muerte de Lacan; que es algo que quizá él no hubiera querido y que, en todo caso, no habría apreciado. Usted hablaba de Le titre de la lettre (2),  eso no podía, en efecto, venir de su bando.

Un día, en ocasión de un coloquio, debía ser en la Maison de la Chimie, ya no sé en qué año me hallé sentada al lado de Lacan. En la tribuna había alguien que comenzaba su exposición por una cita, cita de Lacan, por supuesto, y una cita que concernía a la lectura, y decía: “el judío sabe leer”, ahí se trataba del Midrasch, y Lacan se volvió hacia mí y dice: “¿qué dice él?” y yo digo “bueno, dice algo que usted ha dicho…” y él: “¿yo? ¿yo dije eso?”, y parecía agobiado. Es decir que una transcripción que consiste en tomarlo a la letra no es necesariamente algo que le guste; en todo caso, eso no podía serle agradable. Y, en lo que me concierne, yo no podía lanzarme a una transcripción crítica más que a partir de un duelo, a partir del momento en que él ya no estuviera. Había una dimensión, de alguna suerte, de desmantelamiento del texto, que Lacan, en su persona, si puedo decirlo, no podía soportar. La transcripción del texto, es el aseo del muerto, es lo que dice Barthes. No es tomar al pie de la letra al vivo. Y el vivo, él, había dado la misión a alguien que él había escogido, y ese alguien lo hacía muy bien, hacía la tarea al gusto de Lacan. Yo no tenía absolutamente nada qué objetar y estoy de acuerdo con Jean Allouch al respecto: las dos maneras de hacerlo eran, y son aún, completamente diferentes y no compiten entre sí. Simplemente que en la época en que hemos comenzado Stécriture, 1983, para nosotros estaba absolutamente excluido lanzarse a transcribir un seminario ya publicado por Seuil. Nosotros considerábamos que había bastantes seminarios a la espera para que se pudiera de alguna manera –nosotros lo pensábamos “ingenuamente”- no hacerlo por duplicado. También es por eso que lo hicimos -aunque era una difusión bastante confidencial (había quinientos abonados)- a plena luz del día, haciendo un depósito legal, en suma, públicamente. Esto no quita que haya sido ilegal. E incluso si nosotros habíamos apostado a que no habría juicio, no teníamos porqué quedarnos estupefactos si llegaba a haberlo. Y podíamos admitir, en ese momento, que el ejecutor testamentario y el guardián del derecho moral, mucho más ciertamente que el co-autor, considerara que debía hacernos dicho juicio. Era aún demasiado pronto para encarar un modo de abordaje del seminario diferente de aquel elegido por Lacan. Y evidentemente no voy a insistir en esto: Jacques-Alain Miller me ha expresado su arrepentimiento, pero él no tiene en absoluto que disculparse por ello. Si nosotros sufrimos en aquel momento, eso no vino de tanto de él, vino mucho más de otros asaltos y otros consejos. Pero dejemos eso. Yo no estaba en absoluto enojada en aquel momento, me enojé después.

En el momento del juicio, la difusión de los volúmenes de Stécriture cesó por completo. ¡Nadie ha querido creerlo nunca! Incluso hoy. Es decir que Stécriture nunca volvió a estar disponible como volumen e incluso hoy no está disponible como volumen en la mesa de las librerías. No se reimprimió. El trabajo que quedaba por hacerse, en ese momento, se hizo y se archivó.

Ahora voy a llegar al momento en que me enojé. Era en 1991, cuando el Seminario, con una S mayúscula fue publicado y constaté, no fui la única por supuesto en constatarlo, que el trabajo de Stécriture no había servido para nada. Es decir, que no había sido tomado en cuenta, mientras que un cierto número de esclarecimientos estaban suficientemente maduros para permitir una versión de Seuil excelente. Es inútil relatar lo que siguió, todo el mundo lo sabe aquí. Hubo en ese momento un coloquio iniciado por la École lacanienne, que era un manifiesto “por la transcripción crítica” y apareció Le transfert dans tous ses errata (3).

Evidentemente eso no fue muy amistoso, no podía serlo. Escribí un texto, en ese momento, que se llamaba “¿De quién es la falta?” y Jean Allouch escribió un texto que se llamaba “Congelamiento”.

Dicho de otra manera, era la guerra fría. Después, hubo la aparición de una versión corregida, en Seuil, en 2001. Acto. Primer encuentro.

Y por nuestro lado, hemos distribuido el final, el final que no había sido hecho público, lo regalamos en aquel momento.

El contexto ha cambiado por completo hoy, ya no estamos para nada en ese punto. Y este coloquio es la manifestación de ello. El compromiso que Jacques-Alain Miller hizo de dejar circular las múltiples versiones, jamás ha sido desmentido. Y la École lacanienne ha puesto en circulación versiones en Internet, y nadie ha objetado nada.

Por lo tanto hoy es una nueva cita. Nueva cita en donde usted está aquí, Jacques-Alain Miller, yo encuentro eso extraordinario. Aunque este encuentro sea sin mañana, ya ha tenido lugar, nos hemos reunido alrededor de la cuestión del seminario. La transcripción no es estrictamente un asunto personal de nadie. Yo no sé incluso si es una misión de alguien. Pero está planteada públicamente de una manera nueva. Eso es, ¿acaso la transcripción crítica va a llegar hoy a la cita? Considero que es algo que, ahora no depende sino de Jacques-Alain Miller.

[…]

Laurent Le Vaguerèse
¿Quizá una respuesta a Danielle Arnoux?

Jacques-Alain Miller
Y ahora, el asunto Stécriture, nos lleva entonces veinte años atrás. Estoy totalmente de acuerdo en que fue una suerte de cita fallida. Conocí la transcripción a través de alguien. Me quedé más bien estupefacto de que se hiciera eso, porque en aquella época no era común. En todo caso después me habitué a esa práctica, no tenía idea.

Hablé de eso a Seuil, Seuil metió ahí a su abogado quien interpuso un recurso legal contra ustedes, y fracasó pues no lo consiguió. Seuil hizo una segunda demanda y de nuevo ustedes ganaron la causa. Yo no contaba con estar yo mismo en la cuestión, eran las ediciones de Seuil, pero dado que su abogado había replicado dos veces y hasta entonces no se había juzgado sobre la validez de las disposiciones tomadas por Lacan, dejé a las ediciones de Seuil de lado. Le pedimos a Roland Dumas –ministro en aquella época, él no podía personalmente apoyar la causa- el nombre de un abogado: fue Charrière-Bournazel. Fui con él con el magistrado. Pero antes de eso, en el intervalo, entre el momento en que la causa era sostenida por las ediciones de Seuil y el momento en que yo la tomé a mi nombre, hubo una tentativa tímida de “reunámonos a hablar”. Le pedí a Jo Attié que telefoneara a Jean Allouch para decir: “Hablémonos, tratemos de evitar…”. Quizá Jo Attié no fue suficientemente claro, en fin, me respondió que había sido repelido en esta proposición de entendernos.

Danielle Arnoux
No era Jean Allouch quien estaba al mando, era yo, y Jo Attié era un intermediario mientras que era de usted que esperábamos algo.

Jacques-Alain Miller
Como en ese momento estábamos, con todo, con Stécriture, con las espadas desenvainadas, puesto que existía la justicia, antes de que yo avanzara, le pedí a Jo Attié, quien era amigo de Jean Allouch, que hiciera esa tentativa, para decir que podíamos hablarnos correctamente. Entonces, de golpe, hubo en efecto este episodio judicial que yo lamento, que no debería haber tenido lugar, podríamos haber hablado.

Ahora también, hay que reconocer que eso ha validado, desde el punto de vista jurídico, el testamento de Lacan, que ha debido ser producido, y en donde estaba confirmado que yo era responsable del derecho moral de la obra y ejecutor testamentario. Entonces, viene ahora la historia desafortunada de La transferencia.

Para mí, hasta tal punto no era así como había que hacerlo, que ni siquiera utilicé la edición de La transferencia por Stécriture. No me referí en absoluto a su trabajo, porque era un trabajo pirata, que había sido condenado y por lo tanto, yo mismo no lo consideré como un material útil.

Jean Allouch
Ah, encuentro hasta tal punto no era así como había que hacerlo, lo encuentro formidable como formulación: ¡hasta tal punto no era así como había que hacerlo!, ah, sí, es soberbio, ¡es soberbio!

Jacques-Alain Miller
Eso expresa lo que ha sido mi enceguecimiento en ese momento. La prueba es que en efecto, no utilicé ese trabajo. Y sobre todo, lo que no hice, me di cuenta, fue utilizar las muy preciosas notas de Paul Lemoine, con quien yo había estado por años en el
Consejo de la École de la Cause Freudienne. Hay que decir que, en el fondo, lo que era importante para mí, era continuar como cuando Lacan vivía. Y entonces, cuando Lacan vivía, yo no consultaba las notas de Paul Lemoine: nadie siquiera me lo había señalado.

Yo sabía que él tomaba asiduamente notas y lo que me hizo considerarlo fue la reprimenda que recibí con la salida de La transferencia y de sus erratas (4) –comprendí que era necesario, en efecto, referirse a los cuadernos de Paul Lemoine.

Lemoine había fallecido justo antes de las vacaciones largas. Gennie Lemoine me entregó el conjunto de los cuaderno y por lo tanto, les debo el estar alerta, que ha hecho que ahora, cuando establezco un seminario en el que Paul Lemoine estuvo –no es el caso de los primeros- y bien, me refiera a ese material suplementario.

Entonces, le he escuchado decir Danielle, decir: “Lacan no habría querido…”, “a Lacan no le hubiera gustado…”, etc. Usted, usted puede tomarse libertades con eso, si puedo decirlo, y yo, al menos la parte de mí, si puedo decir, que es responsable del derecho moral, yo no puedo. El fundamento del derecho moral es una noción muy particular, muy francesa, es una noción de excepción francesa, distinta del copyright anglosajón.

El derecho moral, de alguna manera estuve obligado a interesarme en él, e incluso me vi llevado a hablar de ello a la Societé des gens de lettres, que me invitaron para eso: el derecho moral es una suerte de eternización de la voluntad del sujeto. Es muy curioso, habría mucho que decir al respecto. Por lo tanto, cuando estoy en tanto responsable del derecho moral, no tengo que considerar tanto los pros y los contras, sino tratar –uno se pregunta cómo, pues con todo no es una sesión espiritista- de alinearse con la voluntad del sujeto. E incluso creo haber leído, en los últimos tratados que vi del derecho de autor, hay uno muy importante que salió recientemente, creo incluso haber leído que el responsable del derecho moral puede elegir continuar el derecho moral, eligiendo a alguien. Eso me parece extraño, es necesario que consulte eso, pero en fin, hay una suerte de prolongación del derecho moral y de la voluntad, es decir, de un deseo decidido. Eso es, eso restringe cierto número de mis elecciones.

Entonces, si ustedes quieren, yo había considerado a la transcripción como una cuestión personal. Incluso indiqué al principio del seminario XI que, cuando yo digo “se ha querido no contar para nada”, ampliamente comentado a lo largo de las eras, eso no era una cuestión personal, es que traté de ser muy despersonalizado…

Jean Allouch
¡Sí, sí, absolutamente!

Jacques-Alain Miller
… en este ejercicio. ¿Acaso, bueno, analizaría yo esta frase de otra manera que como la proferí? Ella me llevó a rehusar, en el fondo, lo que Lacan me ofrecía. Lacan me dijo: “lo firmaremos juntos”. Y es lo que yo rehusé. Fui yo quien dió las indicaciones para la portada, y me hice desaparecer de la portada.

Jean Allouch
¡Sí, sí!

Jacques-Alain Miller
¿Tuve razón? No es seguro…

Jean Allouch
No, no es seguro en absoluto, no, no…

Jacques-Alain Miller
No es seguro, si hubiera habido, no sé, hubiera dudado en “Jacques Lacan y Jacques- Alain Miller, el Seminario”.

Jean Allouch
Risas

Jacques-Alain Miller
Mientras que, si ustedes quieren, cuando Granoff hizo un artículo en inglés, resumiendo y glosando el seminario IV y el fetichismo, está firmado “Granoff y Lacan”, porque sin duda, Granoff, que no tenía mi famosa modestia, estuvo encantado de firmar con Lacan. Lo que hace, por otra parte, que años más tarde, el director de Denoël haya venido a verme, porque tenía la intención de publicar un inédito de Lacan en francés: “Granoff y Lacan, el fetichismo”. Le dije: “No puede ser, porque era una cosa de circunstancia, y él se apoyaba en el seminario IV de Lacan. No hay lugar de publicar eso”. Entonces, incluso si no hubiera habido “Jacques Lacan y Jacques-Alain Miller, el Seminario”, podía haber habido “Jacques Lacan con la colaboración de Jacques-Alain Miller”, en la portada, etc. Sin duda que ese estatuto singular de este escrito hubiera sido puesto aún más de relieve. En fin, bueno, yo, yo consideré que mi trabajo, incluso si era un trabajo de colaboración, seguía subordinado, por supuesto, a la aportación de Lacan.

Creo que me voy a detener ahí porque ya me extendí demasiado.

1)  e-diciones de la École lacanienne de psychanalyse agradece a Laurent Le Vaguerèse, responsable del sitio Œdipe (www.oedipe.org), haber permitido la reproducción de los videos y los textos que aquí se presentan.

2)  Philippe Lacoue-Labarthe, Jean-Luc Nancy, Le titre de la lettre. Une lecture de Lacan, Ed. Galilée, París, 1990

3) École lacanienne de psychanalyse, Le transfert dans tous ses errata, París, E.P.E.L, 1991, Actas del Coloquio “Por una transcripción crítica de los seminarios de Jacques Lacan”, que tuvo lugar el 15 y 16 de junio de 1991 en París.

4) École lacanienne de psychnalyse, Le transfert dans tous ses errataop. cit.

Fuente.